Arte Sacro
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Los otros Crucificados de Sevilla: El Cristo del Perdón de Nervión


 Arte Sacro. Continuando con este trabajo sobre los crucificados sevillanos que no procesionan por nuestra ciudad centrémonos en el barrio de Nervión, concretamente en la desconocida calle Agustín Moreto donde nos encontramos con el Templo del Santo Cristo del Perdón.

Bajando su escalera que nos adentra en la Parroquia nos encontramos en el altar mayor un crucificado de gran parecido al Cristo de la Buena Muerte titular de la Hiniesta, llamado en este caso Santísimo Cristo del Perdón, siendo la obra postuma del insigne imaginero Antonio Castillo Lastrucci.

Al construirse la parroquia un grupo de feligreses fueron a comprar una imagen para presidir el altar mayor al mencionado imaginero, ofreciéndole este dos esculturas, este crucificado y una Piedad que hoy podemos ver en San Julian en el monumento donde reposan sus restos, eligiendo finalmente al crucificado abonando voluntariamente una de las feligresas su importe, pasando entonces a ser titular de la Agrupación Parroquial.

 Aunque no procesiona, hecho este casi imposible por las condiciones en las que se encuentra construida la iglesia, si realiza un piadoso Via Crucis por las cales del barrio el Viernes de Dolores asisitiendo a las casas de todos aquellos vecinos impedidos.

Esta crucificado sujeto a la cruz mediante tres clavos dejando caer su cabeza, libre de corona de espinas, hacia abajo fue realizada en madera de cedro policromada por el mencionado imaginero en 1965 aunque fue restaurado debido a diversas fisuras en 1999 por Juan Manuel Miñarro.

En ella podemos apreciar sudario corto tallado anudado con gran nudo en su parte izquierda y además en su perfecta anatomía, como en sus demás imagenes, se muestran los distintos signos de la muerte como amoratamiento de rodillas, clavicula, señalamiento de costillas, etc. contrastando todo ello  con sus apreciables rasgos de serenidad de su rostro, ideales anatómicos todos ellos que acercaban al imaginero a los ideales prodigados por Juan de Mesa y Martinez Montañes.

Fotos: Eduardo Fdez. López







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