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La Vara de mando (Primer día de Quinario a la Semana Santa 2017)


Antonio Sánchez Carrasco. Las varas siempre han sido signo de mando. Desde aquella época en la que los profesores mandaban a base de dar con las varas en la mano, afortunadamente las letras dejaron de entrar con sangre, aunque la empatía y la pedagogía a veces la refieran cuando el intento de entender al joven falla.

La Semana Santa de Sevilla no es ajena a las varas, aunque alguna de esas varas de mando como la del Alcalde se le llame bastón y aunque la del Señor Arzobispo se llame báculo y sea más grande que cualquier vara.

Luego hay otro tipo de vara, en las bullas se estila el que te da la vara. Porque lee en voz alta los datos de la hermandad que acaba de plantar su cruz de guía o porque se empeña en arreglar la Madrugá y sus cruces y como adora el sonido de su voz lo cuenta a volumen de seat león amarillo pollo.

En estos tiempos, las varas, bastones y báculos son de vital importancia pues parece que el individuo ha perdido ese punto de saber estar. Podría llamarlo urbanidad, o educación para la ciudadanía pero en menos de lo que pienso yo en un serranito ya me habrían tachado de franquista o de podemita. Y es que Sevilla y su Semana Santa no es más que un reflejo de lo que vivimos a diario.

El Sábado Santo me expliqué parte de lo que ocurrió en la Madrugá, mientras un guardia jurado del Metro de Sevilla explicaba que había que dejar salir antes de entrar. Esa actitud super individualista, sin tener la más mínima empatía con el resto de los seres humanos, hace que un determinado número de individuos por las razones que sean creen una avalancha que puede tener funestas consecuencias para el resto de los seres que los rodean, si a esto se le une una responsabilidad leve a la hora de pagar tus culpas, pues blanco y en botella. Ahí entran las varas de mando, en este caso los bastones, que de momento están ejerciendo su labor con transparencia y rapidez, habrá que aguardar al final de la novela para estar satisfechos, de momento paciencia, por supuesto después de ver la ausencia de repercusión en según qué partidos de lo ocurrido en la Madrugá, casi mejor que nunca les llegue el bastón.

Los del bastón de mando también ejercieron de ultras contra las bebidas que salían de los bares después de determinadas hora, no así de ejemplarizantes con botellonas o con comercios chinos que vendían alcohol y bebidas a cualquier hora.

Las vallas, las famosas vallas, tras las imágenes de la Hiniesta en 2015 por la Cuesta del Rosario, alguna solución era necesaria, habría que analizar hasta que punto hemos pasado del defecto al exceso, pero lo que está claro es que de imágenes como las de los nazarenos en fila india entre la gente, vinieron las vallas.

De las varas de mando o doradas, yo me quedo este año con las buenas la de Francisco Javier Bonilla que tras el susto del año pasado de la lluvia y la pérdida de uno de sus hermanos hace poco merecía un lunes Santo de mármol a mármol, y con ese cariño que merece alguien que se desvive por su hermandad y que este año cumple ciclo. También me gustaría antes de acabar este primer día de quinario acordarme de la vara terciada que también vi el Lunes Santo, una vara terciada sobre el respiradero de la Virgen del Rosario que se me clavó en el alma como ese puñal que la Madre lleva en el pecho. Que orgulloso estaría Miguel Ángel de su gente del Polígono, allí me quedé recién entrado el palio en la catedral, rezando en silencio por su alma.

El resto de las varas parece que va predominando el servidor de la hermandad sobre el ego inflamado, aunque haberlos haylos...

Foto: Antonio Sánchez Carrasco. 








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