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Y la muerte se paseo por las Ramblas…Mariano Lopez Montes


“Dedicado a esas víctimas inocentes que encontraron aquella  muerte vacía y sin sentido”

Si, porque otra vez, ha vuelto a suceder, porque en estos días donde la mayor parte de nosotros descansa, Ella, la muerte, que jamás se toma el respiro de unas vacaciones, ha vuelto a aparecer, pero no es esa muerte de San Gregorio que con su guadaña se pasea cada Sábado Santo engalanada de yedra, está sentada en su bola desde siempre, con eso de la confianza, es ya como si fuera de la familia, incluso es motivo de guasa para estos a los que nunca les falta, la esperamos año tras año para recordarnos que hemos pasado un año más y tal vez nos quede un año menos, bueno el sumar se nos da mejor que el restar y eso del futuro es como aquellas películas del espacio interestelar que si existe, siempre lo vemos muy lejano.

Esta señora que desde años se ha quedado en los huesos, la verdad que creo que no le cae gorda a nadie y pese a la pelusilla que le puedan tener algunos, la verdad es que si algún año no saliera la echaríamos mucho de menos, aunque sus dedos se dirijan a la silla de madera y enea que se tiene al lado, o la miráramos con un ojo entreabierto y el otro cerrado para ver si ya ha pasado.

Esta tarde esta muerte simbólica y recreada por cada uno, según su talante y sevillanas maneras, no se ha paseado por Las Ramblas. La muerte que se ha  paseado esta tarde por Barcelona no nos enseña nada, no tiene ningún sentido , ni despierta el más mínimo sentido del humor cuando la conocemos, por mucho que sea nuestro ingenio, ya que se construye se modela  o se talla imagineramente hablando, con los materiales del odio, el fanatismo, el miedo, la maldad y la incomprensión de un Dios mal entendido que busca en la muerte el dolor y la desesperanza  para crear el horror de los seres humanos, que recreamos cada primavera la Muerte de un Señor que siempre consideramos nuestro y que desde siempre preconizó el Amor y la salvación como esencia de la vida.

La muerte vacía y sin sentido de aquellas victimas de hace unas horas en Las Ramblas en aras de un terror sin sentido que desgraciadamente y desde hace unos años forman parte de nuestras vidas y la recreación  de esa muerte de Cristo que revivimos cada primavera, la belleza de su Buena Muerte al son de cornetas por las murallas del viejo barrio de San Julian, la plenitud de una muerte que se hace puro Amor en la noche del Salvador, la muerte autentica y desposeída de todo boato en el silencio de su Vera Cruz, la muerte hecha dulzura como sabiduría y docencia en los alrededores de la Lonja Universitaria, la muerte con el sabor y la pasión del barrio antiguo de San Bernardo que se transforma en dulzura, o esa otra visión de una muerte seria, serena y confortadora que cada año nos enseña el Crucificado de San Pedro.

 Existe otra muerte en la tarde de Sol de Jueves Santo que camina entre faroles de caoba y que desde hace siglos  nos evoca aquellos pobladores negros que también formaron parte de nuestra ciudad y que horas más tarde cobrara vida con su leve y solemne vaivén en aquel grandioso misterio que año tras año viene desde la Magdalena y que horas más tarde en los confines de una Madrugada, cada vez mas, creará el silencio, la austeridad y belleza en ese Calvario de noches de azabache y suaves y luminosos amaneceres de Sevilla.

Quizás sin darnos cuenta la muerte cobrara vida en aquel crucificado al que pertenecieron aquellos antiguos toneleros, en ese aterciopelado cielo azul del barrio del Arenal. O tal vez esa muerte acunada en el regazo de una madre que cobra vida en tardes de sol Baratillero con ecos perdidos de pasodobles Maestrantes, o tal vez cobra vida en aquella bella recreación del amortajamiento del cuerpo de un Cristo que cada año pasea su muerte entre los brazos de la Piedad, que con su cortejo fúnebre viene cada año de aquel bello compás de Bustos Tavera y que tiene por nombre algo que tanta falta nos hace en estos momentos como es la Paz.

Y como no esa muerte oficializada y representativa que cada año y dentro de una urna de cristal es nuestro referente más reconocido de la muerte y el entierro de Cristo.

Por último y por la parte que me toca y desde mi experiencia personal como hermano y como costalero desde mi juventud, en que he vivido y contemplado año tras año otra visión y otra recreación del dolor y la muerte, quiero viajar desde el sentimiento de la evocación y la memoria aquellas maravillosas vivencias de Dolor y Providencia entre nubes de incienso, sones fúnebres  de Chopin  y atardeceres  azulados que acaban con la tarde soleada  para dar paso a la noche negra y aterciopelada junto a la Torre del viejo San Marcos.

¿Hay mejores espacios escénicos que refuercen los sentimientos, la vivencia y la fe? para que año tras año sigamos viviendo la muerte bella del Salvador llena de contenido, pero también de esperanza  de Amor y Resurrección.

Fotos: Mariano López Montes.








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