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Antonio Rodríguez Mármol: Sal de la Mar de María. Francis Segura Márquez


"Con la sal de la mar" que corona en Cádiz a la Virgen del Carmen, dentro de ese mar que bate sobre las piedras de las antiguas murallas de la ciudad de la luz, a tu modo y a tu manera nos has dejado, Antonio. Sometido a la voluntad del Señor, que sabemos que hace las cosas aunque no las sepamos comprender.

Disfrutando de la libertad que te daba la vida, pasando unas vacaciones que no querías que se acabaran, hemos visto ponerse el punto final a una vida en la que 85 largos años te han permitido vivir, sufrir, trabajar, crecer y caminar junto a tus padres y hermanos, junto a tu esposa María Dolores, a tus seis hijos y a tus más de veinte nietos, a los que hoy he visto, sometidos al castigo de la muerte del que ha sido, es y será su modelo, su palo mayor, su baluarte. En los ojos de los pequeños estaba trágicamente también esa sal en la que el abuelo se bañaba y con las que ellos, sin pensar, le habrían hecho a su abuelo un mar en miniatura para que se cumplieran sus deseos.

Nos parece mentira, pero ¿quién puede creer que has muerto? ¿Quién podrá conformarse sabiendo que ya no recibirá tu saludo de sonrisa a toda gracia, de tu humor ingenioso, de tu manera especial de decir y ver la vida, de tu firmeza defendiendo los valores católicos y tradicionales, y a pesar de todo queriendo tanto a los que quizás no los representábamos a tu manera? ¿Quién sabrá resignarse a no controlar el apretón de manos para que no se te amorataran las manos, siempre afectadas por ese problema tuyo de la circulación que se te avivaba tantas veces...porque tan grande era el afecto y el respeto que infundías que nadie podía contenerse en el saludo?

Nos has enseñado muchas cosas. Nos has mostrado cómo ser un marido entregado a María Dolores, a la cual mirar ahora, rota de dolor pero apoyada en la oración en el cariño de hijos y nietos llena de esperanza. Nos has enseñado cómo un abuelo lo da todo por sus nietos, acompañándolos en todo y siendo capaz, a su edad, hasta de subirse en un catamarán. "Abuelo, que era broma"...pero el abuelo nunca se tomó a broma aquello que le decíamos quienes sabía que le queríamos y considerábamos un modelo ejemplar.

Puedo decir que Antonio me ayudó a conocer lo que era un Hermano Mayor de toda la vida. Casi por obligación, tuve que empezar a tutearle y a quitarle el "don" por delante, pero gustosamente se lo hubiera mantenido, no por distancia sino por altura, porque cualquier unidad de medida se le quedaba corta. Más de 44 años al frente de una hermandad que ahora ha quedado verdaderamente en las manos de sus hijos, de sus nietos, de los que quisimos sumarnos a una aventura que, como detenida por un imprevisto aún en el puerto, ha de zarpar con un pasajero menos...¡y qué pasajero!

Si, Antonio Jesús, Maribel, Luis, José Ignacio, María Dolores, MariCarmen...el mejor regalo que le hicimos fue organizar la procesión, pero fue un regalo que no puede igualarse a la confianza que él nos ofreció desde el primer minuto. Álvaro, que ha de continuar su estela ostentando el cargo de Hermano Mayor, se supo acogido y comprendido, valorado y posicionado para hacer todo lo que estuviera en sus manos. A mí me tocó la tarea de estar, como ahora, al pie de la gestión, de la relación humana, del papel y del pago para que todo saliera perfecto. Todo me lo compensa el recordar aquellas lágrimas de Antonio, posiblemente las únicas que le vi derramar en su vida.

Antonio, cumpliste ochenta años cuando yo acababa de llegar a tu vida, y presumías mucho de todo lo que yo había hecho o estaba haciendo. Ser tu Teniente de Hermano Mayor, y luego el Mayordomo de la Junta que presidiste me honrará para siempre. A los niños de la Pastora, que somos nosotros, nos enorgullece sobremanera haber tenido la suerte de conocer a Rodríguez Mármol, el hombre que vino de Albox para, entre Triana y Sevilla, llevar a todos la tierra almeriense y su Virgen del Mar. Ella, en la sal del océano, te ha llamado y buscado. Allí donde estás, espéranos, amigo.

Fotos: Antonio Rendón y Juan Alberto García Acevedo.








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