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Opinión: Dar Culto a la “suciedad”. Francisco Santiago


Los que de una u otra forma estamos inmersos en la cultura propia de las Hermandades y Cofradías, estamos acostumbrados a “ver, oír y callar” pero los tiempos avanzan y cada vez son más los estereotipos que se vienen abajo con el paso de los siglos.

No hace mucho, se descubrió que numerosas imágenes de “Vírgenes negras”, no era más que suciedad y pintura acumuladas por el paso de los años y que tras su restauración, las imágenes habían recuperado su tonalidad “blanca”. Este “milagro”, tan cuestionado en ocasiones, se empieza a ver desde el propio IAPH como algo necesario, porque las modas y modismos no pueden imperar en las obras de arte.

A más de uno le sorprendió la claridad, sobre todo en las piernas, que ha tomado el Señor de la Salud y Buen Viaje pero en realidad lo único que ha ocurrido es que se ha quitado la suciedad de la misma, recuperándose su policromía original.

Este mismo sentimiento ocurrió en La Paz del Porvenir, Rocío de Santiago y en menos intensidad con la Virgen de Regla de Los Panaderos. En todos estos casos este nuevo “color de piel” corresponde a las capas originales dadas por los autores de las Imágenes y, posteriormente, el humo de las velas, el incienso, el polvo y los cambios de temperatura, hicieron el resto en cuanto al oscurecimiento.

Otro factor muy importante y tajante es el uso y trato recibido por los Titulares, que en el caso concreto de las Dolorosas se ve muy afectado en las mascarillas debido al uso de alfileres para sujetar las prendas de vestir propias de las Vírgenes.

Estos continuos “pinchazos” hacen mella en la talla, no sólo ya en cuando a la madera en sí, sino por supuesto en la mascarilla y policromía, donde cada “arañazo” supone una grieta futura donde se va acumulando, además, la suciedad.

Actualmente estamos sometiendo a sondeo, la futura restauración del Señor del Gran Poder y ya claman al cielo voces que quieren impedir que el Señor pierda ese “color de piel” que le caracteriza.

Pero si somos honestos y utilizamos nuestros sentidos, ¿alguien piensa que el Gran Poder que talló Juan de Mesa es “a simple vista” el que actualmente veneramos en su Basílica? Yo al menos les digo abiertamente que NO.

Que el Gran Poder recuperara la policromía original sería el “gran milagro” para Sevilla y que los estudios fueran realizados (y ejecutados) por el IAPH sería la justa medida y lo más lógico. Este es un caso muy concreto en el que la devoción y la conservación chocan frontalmente pero hay que tener muy claro lo que “sí y no” se debe de hacer, porque estamos “jugando” con el mantenimiento de una devoción que lleva en Sevilla 386 años y que en el año 2020 cumplirá 400 años.

Alguna de las anteriores restauraciones, dejaron al Señor de Sevilla en un estado que podemos enjuiciar como “crítico”, por utilizar una palabra que no sea malsonante. Igualmente nos podemos preguntar por qué si el Señor de Pasión fue tallado en 1615 (cinco antes que el Señor de San Lorenzo), hay tanta diferencia de conservación entre uno y otro. Quizás de esa época de esplendor, sea la talla más maltratada por el tiempo de todas las que se gubiaron en el barroco hispalense.

Hablando también de Pasión, aun recuerdo con pánico el artículo que Javier Criado, ex hermano mayor, “describía” en el boletín de la Hermandad Sacramental del Salvador, donde aseguraba que tras la rotura de un dedo del Señor, el mismo fue pegado con “fixo”. 

Jesús Romero fue tajante en la presentación del Señor de la Salud y Buen Viaje de San Esteban: “No se puede dar culto a la suciedad”, vino más o menos a decir y, por supuesto no se refería al Titular de la Hermandad de San Esteban.

Para rematar esta opinión “personal e intransferible”, les invito a ver el estado actual de una imagen que, en su momento, fue devoción sevillana y que aún hoy forma parte de las fotografías que ilustran los libros de historia de la Semana Santa de Sevilla. Por autodeterminación no voy a citar cual es ni dónde se encuentra, pero en ella se puede apreciar (con dolor) el trato desigual que da el tiempo a nuestras imágenes devocionales y, por supuesto la mano del hombre...

Fotos: Francisco Santiago










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