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Liturgia. La Liturgia de la Palabra (V). Jesús Luengo Mena


El Leccionario, en sus varios tomos, recoge las lecturas que la Iglesia propone a lo largo de todo el año. Los nuevos leccionarios que entraron en vigor en 2015 responden a la versión oficial de la Biblia, que fue aprobada el  25 de noviembre de 2008 en la  CCXI Asamblea Plenaria del episcopado español. Por primera vez, la Iglesia en España cuenta con una traducción de la Biblia al español reconocida como la oficial para ser utilizada en las actividades propias de su obra evangelizadora, Biblia publicada por la BAC.

En primer lugar, sobre las lecturas, habría que decir que ninguna de ellas es propia del presidente de la celebración. Así, las lecturas no evangélicas son propias de algún lector/a laico o de un lector instituido, si lo hay. El Evangelio es propio del diácono, y en su ausencia, lo proclamará algún concelebrante, si los hay. Lógicamente, si el sacerdote está solo celebrando y no hay lectores oportunos las hará él.

Como criterios generales observados al elegir los textos podemos decir que, en los domingos y fiestas, se proponen los textos considerados más importantes, a fin de que se cumpla lo dispuesto referente a que, en un ciclo, en este caso de tres años, se lean a los fieles las partes más relevantes de la Sagrada Escritura. Esto se debe a que la mayoría de los cristianos practicantes suelen tener contacto con la Palabra de Dios fundamentalmente en la misa dominical. El resto de la Escritura, que no se lee los domingos o fiestas, está asignado a los días feriales, siguiendo otros criterios, ya que la serie ferial se desarrolla en dos años –pares e impares– durante el tiempo ordinario y en un solo ciclo anual durante los tiempos llamados fuertes, o sea, Adviento-Navidad, Cuaresma y Pascua.

I (A) domingos y fiestas del Señor año A

I (B)  domingos y fiestas del Señor año B

I (C)  domingos y fiestas del Señor año C

II – ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Tiempo pascual

III (par) ferias del Tiempo ordinario de los años pares

III (impar) ferias del Tiempo ordinario de los años impares

IV Propio de los santos y Misas comunes

V  Misas rituales y Misas de difuntos

VI  Misas por diversas necesidades y Misas votivas

VII  Misas con niños

Asimismo, existe un libro que contiene el Evangelio de las fiestas más solemnes, denominado Evangeliario, libro que porta en alto el diácono en la procesión de entrada y salida, cuando la hay, y que recibe una especial veneración y respeto. El diácono, al llegar al presbiterio, deposita el Evangeliario sobre el altar. 

Para los domingos del Tiempo Ordinario hay establecido un ciclo de TRES AÑOS, conocido por las letras A, B y C. Aquí se procura que la primera lectura tenga relación con los Evangelios, que son también los sinópticos. En el año A se lee el evangelio de Mateo, el año B se lee a Marcos y el año C a Lucas. Existe una regla para saber qué año toca a cada letra: dividiendo el año en curso por el número tres si da de resto cero –división exacta– corresponderá a año C. A partir de ahí se deduce que cuando el resto de la división sea uno será año A y si el resto es dos será año B.

La misa dominical comprende, pues, tres lecturas, que son obligatorias: la primera, del Antiguo Testamento, excepto en Pascua, que es de los Hechos de los Apóstoles; la segunda, del apóstol, o sea, de las cartas y del Apocalipsis, y la tercera, del Evangelio. A estas lecturas se suma el salmo responsorial.

Para el Leccionario ferial cada misa tiene dos lecturas, tomadas la primera del Antiguo Testamento o del Nuevo y la segunda, que siempre es del Evangelio. En el tiempo ordinario, en las ferias de las 34 semanas, las lecturas evangélicas se distribuyen en un solo ciclo, que se repite cada año. En cambio, la primera lectura se reparte en dos ciclos, que se leen en años alternos.

En el Leccionario de los santos hay que distinguir una doble serie de lecturas: la del propio de los santos, siguiendo las solemnidades, fiestas y memorias contenidas en el calendario; y la del común de los santos. En el primer caso se trata de textos propios o más adecuados para la celebración de cada santo, y en el segundo de repertorios de lecturas distribuidas de acuerdo con las diferentes categorías de santos.

En los tiempos fuertes de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, las lecturas son siempre las mismas todos los años, habiendo sido elegidas de acuerdo con las características propias de cada uno de estos tiempos litúrgicos. En el tiempo pascual, el leccionario ferial toma la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles y el evangelio que se lee es el de San Juan. Los domingos pascuales se lee como primera lectura los Hechos de los Apóstoles y de segunda la primera carta de san Pedro –ciclo A–, la primera carta de san Juan –ciclo B– y el Apocalipsis –ciclo C–.  Los evangelios escogidos nos relatan las apariciones de Cristo Resucitado y pasajes escogidos del Buen Pastor y oración del Señor tras la última cena. Como se observa, no hay lecturas del Antiguo Testamento, para subrayar que estamos en un tiempo nuevo.

Falta decir que, tras la Primera Lectura, siempre se lee el salmo, que en rigor, debería ser cantado, como su propia naturaleza exige.










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