Arte Sacro
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  • lunes, 06 de julio de 2020
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Aquellas antiguas queridas y a la vez temidas listas de Cofradías


Mariano Lopez Montes. Recuerdos que quedan grabados en nuestra memoria y que siempre formarán parte de nuestras vidas, ilusiones y temores vivenciados desde niños que quizás perdieron la magia con el paso de los años.

Existen acontecimientos en nuestras vidas que vuelven como aquellos antiguos fotogramas de las viejas películas que aunque deslustradas y a veces distorsionadas por el tiempo cobran vigencia en el momento que nuestros recuerdos las traen a la memoria.

Me refiero en esta ocasión a esas tradicionales listas de nazarenos y penitentes que colgaban en las paredes o bien en un tablón hecho exprofeso en la propia iglesia o mas recatadamente en alguna dependencia de la casa de Hermandad o la Sacristía, si la Cofradía en cuestión tenia menos poder económico. Al buen entendedor con pocas palabras bastan.

A los que les pasaba igual que el que os escribe, que pertenecía generalmente por tradición familiar a cofradías donde los niños no podían salir, incluso en algunas de ellas en ninguna etapa del crecimiento, así que tenia uno que conformarse  en ir a ver a otros niños de tu colegio que si podían salir de nazareno, con sus capas, sus varitas y su arsenal de caramelos que repartían a diestro y siniestro y ante la rabieta típica del niño casi siempre tu padre o familiar que te llevaba a ver las del día y en primera fila, como se veían antes, te decía con cierta voz lacónica y asentando catedra ¡Claro hombre, porque tu perteneces desde siempre a una cofradía de las serias!.

Hasta los doce, incluso catorce años no te podías vestir de nazareno y te regalaban o te prestaban en la Hermandad una túnica de mil dobladillos, por eso del crecimiento de una generación de españoles que estaba en pleno desarrollo.

Y ahora venia lo peor, cuando ibas con mas miedo que un opositor, a sacar la tan anhelada papeleta de sitio y si eras mas bien bajito o no dabas la talla, te empinabas para no suspender otro año mas la salida. Y entonces El Mayordomo de la época, normalmente un Señor serio a la antigua usanza y con voz un tanto “Torquemadiana” e inquisitorial, decía en voz alta para todos los presentes, dos frases que no se olvidan fácilmente: «¿Y este niño va a poder con el cirio?» y en ese momento aparecía algún meritorio a La Priostia con aquel artefacto céreo, que te sobrepasaba el flequillo, porque lo de la calvicie suele venir después, y que todos veíamos como una vela en masculino y con mucho delirio de grandeza. Y la segunda afirmación, «¿Y este niño va a guardar la compostura?, que esta cofradía es “Mu Seria” y no se puede cansar, ni irse, ni comer, ni hacer pipí, ni otras cosas». Olvidaba este Señor que lo de la próstata, los diuréticos y la tensión, igual que la calvicie suele aparecer con los años y la ultima y poco feminista apreciación de aquel gestor cofrade: «las mamás y las titas que ni se le acerquen, que para eso ya estoy yo y mis celadores que son de mi cuerda y saben muy bien lo que hay que hacer».

¡Como han cambiado las cosas en nuestras Hermandades y Cofradías actualmente!  y si les parece exagerado lo que escribo que le pregunten a algunos con mi misma solera en el DNI, que se lo pueden explicar con más lujo de detalles.

Y después de esta odisea el gran premio, ya tenias entre tus pequeñas manos esa certificación de capacitación cofrade que era la papeleta de sitio, con cientos de normas en su reverso que potenciaban y aclaraban e incluso aumentaban todo lo que te había expuesto aquel  Señor de apariencia seria que había firmado el documento, a veces muy a su pesar. Claro todo esto seguía las mismas reglas de actuación pero se minimizaba en parte o suavizaba con ciertas dosis de cariño según la empatía, tradición o conocimiento que el familiar tuviera en la Corporación.

El día de más expectación y a la vez incertidumbre era ese día antes de la salida que ya estaban colgadas las listas con los puestos en la cofradía, con el miedo de un colegial, el deseo y el temor del estudiante cuando íbamos a ver si aquel catedrático con fama de sieso había puesto ya las notas, y nos había suspendido otra vez de nuevo, o la Diosa Fortuna había hecho sonar el cuerno de la inmensa fortuna de no tener que verlo más. Al final ojeábamos el listado casi con un ojo abierto y el otro cerrado hasta que dábamos con nuestro nombre, esta vez en nuestras hermandades con el deseo de que se volviera a repetir año tras año para siempre. También buscábamos en esa alineación cofrade que se llama tramo, en la mayoría de las cofradías y en la mía de La Amargura secciones. No existían leyes de protección de datos y cada uno aparecía con su nombre de pila, desde los de uso cotidianos con poco pedigrí a los mas renombrados y compuestos apellidos de linajes o a veces venidos a menos, pues la carencia o solvencia económica no interfiere en este nomenclátor.

La verdad que en este baremo cofrade generalmente el valor que mas se cotiza es la edad, o senectud, o el tiempo de pertenencia, ya que el apuntarse era el pistoletazo de salida para optar por esos mejores o mas cercanos puestos al lado de las imágenes; era muy común escuchar pues, mi padre a mi “me apuntó” cuando nací, suerte la tuya pues en mi familia era costumbre el apuntarnos cuando hacíamos la primera comunión, por eso somos de la misma quinta pero tú me ganas. Ah pues en la mía, respondía otro, las mujeres no se apuntaban, que para eso ya tienen que hacer, lo que tienen que hacer en las cofradías. (No comento el cometido porque actualmente puede herir la sensibilidad de la lectora ...) y al final en tono malhumorado decía ¿Cuando has visto Tú una mujer vestida con la túnica de esta hermandad?, mi padre que en paz descanse ve a una mujer vestida de nazareno y sale de su tumba.

Lo que si es cierto que actualmente vemos a una mujer vestida de nazareno a nuestro lado y solo puedo decir que La Resurrección sigue saliendo El Domingo de Resurrección por la mañana, y este señor que profetizaba tal hecho, se encontrará reposando el sueño eterno junto con sus antepasados.

En estas listas donde prevalecía como valor en alza el acercamiento a los pasos de nuestros titulares también existía la necesaria envidia y a veces disputa en forma de crónica social de nombres y puestos de relevancia dentro del cortejo al descubrir los mas avispados o diestros en estos menesteres, el nombre y apellidos de algunos de los que aparecían en esos puestos tan codiciados y que funcionaban como antiguamente a 125 o 220 de voltaje y esto no tenia nada que vez con la longevidad y el tiempo de permanencia.

La verdad que generalmente en esta vida como pasa con casi todas las cosas nadie esta contento donde esta o con lo que tiene, los niños porque queríamos ser viejos para ir mas detrás, y los viejos que dándote una palmadita en la espalda te contaban con tono jocoso su vida en la hermandad, al estilo del clásico “Abuelo Cebolleta” que leíamos en los TBO de la época y al final siempre te decían con ciertas dosis de cariño, ¡Hay quien tuviera tu edad y tus energías!, creo que en el fondo lo que echaban de menos era la falta de dolores aunque la Titular de la Cofradía tuviera ese nombre y esas otras energías que ya empezaban a aparecer en nuestra pubertad y que se desarrollarían y acrecentarían con el paso de los años, hasta ese aletargamiento o somnolencia que generalmente era un pandemia en estos últimos tramos, y mientras más atrás y más cerca de lo Divino más alejado de lo puramente humano.

La verdad es que todas estas anécdotas que ocurrían en aquellos años forman ya parte del patrimonio personal de nuestros recuerdos. Y que este año no podrá ser, pero que nuestras cofradías gozan actualmente de una salud de hierro y que dentro de un poco menos de un año estaremos ajetreados ilusionados y algunos ya hasta cansados, pero que un día tal como el de mañana se volverá a producir el nuevo milagro que ocurre todos los años, de estar en Sevilla y ser de nuevo un Domingo de Ramos.

 

 

Fotos: Archivo de Mariano Lopez Montes










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