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Juan Antonio Huguet Pretel y la renovación de la pintura religiosa contemporánea


José Fernando Gabardon de la Banda. La renovación de la pintura religiosa tan enraizada en el mundo artístico de la ciudad de Sevilla ha sido un hecho desde finales del siglo XX hasta nuestros días. Sin ninguna duda no se le ha dado el valor que merece, ya que en muchas ocasiones ha sido despreciada por la crítica artística, que solo lo han querido ver como una mera imitación de la pintura barroca hispalense, que lo llevan a una mera lectura simplista. Y es que claramente en el seno del mundo cofrade, ha ido emergiendo un grupo de artistas, que han ido incorporando un lenguaje visual que han ido enriqueciendo la propia iconografía pasionista, cuando ya se creía que prácticamente era uno de esos temas que había sido diluido en el tiempo. Sería posiblemente la obra de Juan Antonio Huguet Pretel uno de los claros ejemplos de renovación de la pintura religiosa contemporánea. Sería prácticamente imposible reunir en este pequeño esbozo su ya amplia producción artística, por lo que me he permitido escoger alguna de sus obras más excepcionales desde mi modesta opinión.

El paño de la Verónica de la Hermandad del Valle que realizó en el año 2001 puede ser uno de sus mejores creaciones, recogiendo uno de los temas que más se habían representado en el Barroco español, el paño de la Verónica. En este momento, Huget Prietel ya era un reconocido artista, que había mostrado desde los años finales de la década de los cincuenta, cuando en 1957 comenzara su carrera en la Escuela Superior de Santa Isabel de Hungría, uniendo a un grupo de jóvenes artistas que lo llevarían a participar a un gran número de exposiciones colectivas, como la de la Real Academia de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Sería en 1963 cuando realizaría su primera exposición individual, la Sala de Exposiciones del Club la Rábida del Instituto de Estudios Hispanoamericano de Sevilla. A partir de sus grandes logros creativos en un amplio número de lienzos, comenzó su andadura por la cartelería, dotándole de una modernidad a sus producciones que no eran ajena a su calidad de retratista y un excepcional narrador. De esta manera unos años antes que realizara el paño de la Verónica, Huguet dejaría muestra de una gran vistosidad visual en sus carteles del Rastrillo para el Nuevo Futuro de 1999 y el de la Cabalgata de los Reyes Magos del año 2000, dos excepcionales muestras en la que daba ocasión de mostrar el talento de retratista infantil. El impacto de las corrientes contemporáneas, los ecos ya lejanos pero tan frescos de Matisse inspiraron muchas de sus composiciones simbolistas como esa preciosa representación femenina titulada Melancólica Dama de Negro en Rossentale Estresser (Berlín). Y es que la mirada del Cristo del paño de la Verónica que realizó para la Hermandad del Valle no deja indiferente, de pincelada suelta y  atrevida, muy cercana a la pintura de Maireles, su verdadero maestro. Los ojos expresivos, salientes de su marco, dibuja el marco de su rostro, cubierta de una cabellera desordenada, de caídas en matojos, coronada por una marcada corona de espinas. El propio paño ha quedado casi diluido en un matiz de colores planos, resaltando la faz de Cristo. Sin duda alguna este fue uno de los mejores paños desde que la Hermandad del Valle iniciara la serie con el pintor Miguel Angel del Pino Sarda en 1971.

En el año 2009 Huguet volvió a demostrar su genialidad creativa con el cartel de la Semana Santa que sin duda alguna dio muestra de una frescura narrativa en sus composiciones. Había sabido plasmar uno de esos momentos mágicos de la escenografía de cualquier día de la Semana Santa, la llegada de un paso, centralizado por el letrero singular de Sevilla, como marco visual de referencia. A modo de espacio de gloria, unos nazarenos, en posición escalonada hacia un fondo ilimitado, en la que primer plano aparece uno de ellos portando el libro de regla, concibe por sí mismo un cuadro independiente. No cabe duda que son los monaguillos de la Hermandad del Museo lo que le da una verdadera vitalidad a la composición, en la que muestra en cada uno de ellos una identidad propia, concibiendo un verdadero juego de rostros a modo de aquellos dibujos preparatorios de Leonardo. El San Lucas, perteneciente al paso del Crucificado de la Hermandad del Museo irrumpe en uno de los extremos de la composición, verdadera recreación de la escultura de Ruiz Gijón. A modo de pequeñas escenas, Huguet fue intercalando toda una narración del mundo pasionista en el conjunto del cartel, como la escena de la Última Cena en primer plano, la Presentación al Pueblo o la Caída de Cristo. Al fondo una preciosa escena, los cantaores del balcón, que presiden la multitud y los ciriales, que anticipan la llegada de un paso que no visualiza.         

Dos años antes, realizaría el cartel de Semana Santa de la Hermandad de la Macarena, una preciosa recreación de la Virgen ascendiendo a los cielos con el armado arrodillado en actitud de oración, enmarcado en la puerta de la Macarena. Me gustaría mencionar su gran composición Al Cielo con ella, hoy conservada en la Hermandad del Museo y las dos portadas de los boletines de las Hermandades de del Silencio de 2004 y del Museo del 2003. 

 

 










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