Arte Sacro
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La Liturgia. La Liturgia de la Palabra (VII). Jesús Luengo Mena


Veamos otros tres elementos que forman parte de esta Liturgia. En primer lugar la homilía, que es obligatoria los domingos y fiestas de precepto. También se recomienda en las ferias de Adviento, Cuaresma y durante el tiempo pascual, así como también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude numeroso a la Iglesia. La homilía es parte de la Liturgia y es necesaria para alimentar la vida cristiana. Conviene que sea una explicación o de algún aspecto de las lecturas proclamadas o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día, teniendo en cuenta las necesidades particulares de los oyentes. La homilía le corresponde al presidente de la celebración, aunque puede cedérsela a un concelebrante y, a un diácono, pero nunca a un laico. Se dice desde el ambón, desde la sede o desde algún lugar oportuno. A su término, es conveniente guardar un rato de silencio y meditación.   

La Profesión de fe (Credo) también llamada Símbolo debe ser cantado o recitado por el sacerdote con el pueblo los domingos y en las solemnidades; puede también decirse en celebraciones solemnes. Si se canta, lo inicia el sacerdote, o el cantor o los cantores, pero será cantado o por todos juntamente, o por el pueblo alternando con los cantores. Si no se canta, será recitado por todos en conjunto. El Misal ofrece dos fórmulas: El Credo de los Apóstoles y el Credo Nicenoconstantinopolitano.

La Oración Universal. En la oración universal, u oración de los fieles, el pueblo responde a la Palabra de Dios recibida en la fe y, ejercitando el oficio de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas a Dios por la salvación de todos. Conviene que esta oración se haga de ordinario en las Misas con participación del pueblo, de tal manera que se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren diversas necesidades y por todos los hombres, por la salvación de todo el mundo y por la comunidad local. Sin embargo, en alguna celebración particular, como la Confirmación, el Matrimonio o las Exequias, el orden de las intenciones puede tener en cuenta más expresamente la ocasión particular. El sacerdote celebrante dirige las preces desde la sede, introduciéndola con una breve monición invitando a los fieles a orar y la termina con la oración. Las intenciones que se proponen deben ser sobrias y con pocas palabras para expresar la súplica de toda la comunidad. Las propone el diácono, o un cantor, o un lector, o bien, uno de los fieles laicos desde el ambón o desde otro lugar conveniente. Por su parte, el pueblo, de pie, expresa su súplica, bien con una invocación común o bien orando en silencio.

En el próximo artículo terminaremos con la Liturgia de la Palabra, ofreciendo algunos consejos para los lectores.

Foto: Miguel Ángel Osuna.










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