Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en el mes del Carmelo
  • martes, 07 de julio de 2020
  • faltan 264 días para el Domingo de Ramos

Cuando por la Campana casi no cabía un paso de palio. Reyes Pro


Puede parecernos que lo que conocemos fue siempre tal como hoy lo vemos, que poco ha cambiado Sevilla; en una mala apreciación del tiempo llegamos incluso a ver como tradición costumbres o ritos que no tienen más de cinco o seis años de vida, pero que “siempre se han hecho así”.

La “Carrera Oficial” que hoy conocemos y padecemos muchos cofrades no tiene tantos años como pudiera pensarse en su inicio en la Campana y además este enclave de la geografía urbana de Sevilla es de los que más ha cambiado de la Ciudad en un siglo. A comienzos del siglo XX el primer lugar por el que pasaban oficialmente las cofradías era la actual Plaza de San Francisco, pues desde 1835 se había abandonado el comienzo oficial en la esquina de Cerrajería con Sierpes como venía siendo desde 1777.

Recurro como en otras ocasiones a los recuerdos familiares para aproximarnos a la antigua configuración y apariencia de La Campana. Mi abuelo Miguel, sevillano de pura cepa, cuidaba de mí siendo una niña en las sillas de la Campana, este era el lugar elegido por muchas familias  en los años 50 y 60 del siglo XX para que los niños viesen la Semana Santa, acompañados por las “tatas” y por algunos familiares, especialmente los sufridos abuelos, siempre pacientes con la chiquillería. Para entretener la espera entre paso y paso mi abuelo materno contaba cómo era La Campana en su niñez, a comienzos del siglo XX; pues en los primeros años 60 quedaban en pie aún la Farmacia Central y un modificado edificio del Gran Café de París, pero entontes La Campana ya había cambiado mucho respecto a lo que conoció de niño mi abuelo Miguel.

Entonces no era la plaza o enclave urbano ancho que veíamos mi abuelo y yo en ese momento y hoy nosotros en cualquier día que pasemos por allí; antes de 1905 en su lugar existían calles estrechas por las que casi únicamente era posible el transcurrir de un paso de palio estando prácticamente solo, ni que pensar en sillas o tribunas.

 

El palio de la Virgen de los Ángeles de la cofradía de Los Negritos en La Campana, a comienzos del siglo XX, a la derecha la Confitería La Campana.

Pero pronto sería La Campana punto de mira de ese artilugio tan sevillano e inmisericorde con el Arte y la Historia: la piqueta, usada en honor a planes de ensanches para facilitar supuestamente la circulación y la higienización de la Ciudad. De lo primero en caer fueron precisamente las manzanas de casas próximas a la Confitería La Campana, local que es casi lo único que queda en pie en la plaza de lo que conoció mi abuelo, hoy afortunadamente la vemos. Esas casas formaban la calle Carpio y parte de la calle Santa María de Gracia, calle donde estuvo el Convento de ese nombre, desaparecido con la Desamortización del siglo XIX.

La Campana antes de 1905. A la derecha el edificio derribado al poco tiempo para levantar el Café de Paris, a la izquierda las manzanas de casas y al fondo el mirador del café y teatro Novedades y lo único que hoy existe de lo  que vemos: el edificio de la Confitería La Campana.

El primer edificio derribado de los que vemos en la foto fue el que ocupaba la esquina derecha, en la confluencia con la cercana calle O´Donnell (con una columna que pudiera proceder de unos antiguos soportales que existieron en tantas de nuestras calles), en su lugar se levantó en 1906 un edificio de estilo Modernista que albergaría el Gran Café de París, obra del arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio. Este estilo arquitectónico fue poco habitual en Sevilla, no tuvo arraigo o suerte y pronto cambió su apariencia eliminando adornos típicamente modernistas. Además y tristemente el edificio, ya muy modificado, fue derribado en los años 60. Hoy vemos un edificio como tantos y en él un negocio de multinacional de comida rápida, también como cualquier otro.

Antes del derribo de las manzanas de casas 

Después del ensanche pero aún con su apariencia original de 1905

Poco antes de ser derribado en los años 60, ya modificada su apariencia y el Café sustituido por un Banco

La intención del ensanche no se contentaba sólo con la Campana, pretendía un eje este-oeste con calles amplias, y siguió por las calles  inmediatas Martin Villa y Laraña, lo primero era eliminar el edificio del café y teatro Novedades, que mostraba un airoso mirador, muy característico de la arquitectura del siglo XVIII. Estaba en el sitio justo donde hoy se levanta una tribuna para sillas en la Semana Santa. A su izquierda podemos ya ver otro edificio de 1907 que hoy sigue afortunadamente en pie, también obra del arquitecto Aníbal González Alvarez-Ossorio, pero en estilo regionalista, en él se encontraba la zapatería La Imperial.

El Novedades, a la derecha vemos la confitería con un original anuncio en forma de corona y en primer plano la esquina acristalada del Gran Café de París

Tampoco nos ha llegado un comercio muy característico de la plaza: la Farmacia Central, en un edificio que se levantaba en el lado opuesto al Novedades dentro de la plaza y con esquina a la también maltratada plaza del Duque. Hoy en su lugar hay un comercio de ropa y un edificio como tantos y tantos otros, repetidos en tantas ciudades.

A la izquierda la Farmacia Central en esquina con la Plaza del Duque,en ella vemos tras unas palmeras el Palacio del Marqués de Palomares, derribado en 1967

Una de las primeras  fotos de la Farmacia Central y su interior.

Establecimiento centenario fundado por el Dr. Espinar, la Farmacia Central, fue víctima de los derribos de los años 60; su interior era maravilloso pero no era del gusto o moda, ni de los intereses de esos años. Paredes y suelos de mármol, columnas de mármol rojo, una magnífica colección de albarelos en muebles de caoba, pinturas en los techos y una enorme caja registradora (era lo que más gustaba a los niños). Recuerdo como mi abuelo me señalaba todo esto y me hacía apreciarlo, «¡antes de que lo derriben!» me decía. Así me enseñaba a apreciar tantos edificios, comercios, personajes… de esa ciudad que en los años de mi niñez iban desapareciendo. Así me enseñaba tener memoria de Sevilla. Así me enseñaba a amar la Ciudad. Se lo agradezco muchísimo.

Reyes Pro Jiménez, historiadora y bibliotecaria

Dedicado a mi amiga Valle










Utilizamos cookies para realizar medición de la navegación de los usuarios. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso.