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Jueves pastoreños. El mes de María en el Monasterio de Santa Paula (y II). Francisco Javier Segura Márquez


En 1894, la Imagen vicaria de la Divina Pastora en el Monasterio de Santa Paula comenzaría a recibir en gestos de tierna devoción el cariño de las Madres Jerónimas, que habían cumplido su anhelo de custodiar a la Santísima Virgen, bajo Traje y Título de Pastora, entre los muros de su Cenobio. De la misma manera que conservaban y se ejercitaban en la devoción con la fórmula de la Solemne Novena, es de esperar que el Ejercicio para el Mes de María, que la Divina Pastora recibía en la Parroquia de Santa Marina -del cual mostramos en la primera imagen su convocatoria- fuera también compartido por su representación monástica.

 

Pocos años faltaban para que, con su nacimiento, iniciara una trayectoria brillantísima la que podemos considerar la más singular Abadesa de toda la historia contemporánea de Santa Paula. Hablamos de Sor Cristina de la Cruz Arteaga y Falguera, que vino al mundo el día 6 de Septiembre de 1902, justamente un año antes de nuestro singular y recordado Voto Asuncionista en el Bicentenario de la Hermandad. Su vida de juventud estuvo marcada por la trayectoria de su familia, noble por ambas ramas.

 

Su padre ostentaba los títulos de Marqués de Santillana y Duque del Infantado, y su madre el de Condesa de Santiago, los cuales recayeron en su hermano primogénito Íñigo de Loyola, que habría ostentado el cargo de Teniente Hermano Mayor Honorario de nuestra Hermandad en virtud de su cargo de Capitán General de la II Región Militar, con sede en Sevilla, y que formaba parte del Consejo Privado de Su Alteza Real don Juan de Borbón, al que siempre se sintió tan ligada nuestra Corporación por sus derechos dinásticos sobre el trono de España.

 

Sor Cristina, que será apadrinada en su bautismo por la propia Reina homónima, que le brindará su nombre, tendrá la oportunidad de formarse y crecer en un ambiente culto, que le permitió ser la primera mujer española que ostentó el Doctorado en Historia por la Universidad Central, antecesora de la Complutense. Su tema de tesis fue la biografía de don Juan de Palafox y Mendoza, hijo ilegítimo del Marqués de Ariza, título que ostentaba su padre. Palafox y Mendoza fue proclamado Beato por Su Santidad el Papa Benedicto XVI en 2011. 

Cristina fue escritora, poeta, historiadora, etc., pero en su alma ardía la sed de Dios y ello le movió a iniciar la vida religiosa, en varias etapas de accidentado relato, en diferentes Órdenes e incluso territorios nacionales diversos, que abarcan su biografía durante dieciséis años desde 1926. Finalmente ingresó como Religiosa Jerónima (había profesado en Madrid meses antes de la Guerra Civil) en el sevillano Monasterio de Santa Paula, que sería su casa más querida y en la que dejó la huella indeleble de su fama de santidad.

 

No dejan de producirse hermosas casualidades. El día 6 de Enero de 1942, Solemnidad de la Epifanía, Sor Cristina traspasó la puerta reglar de su Casa en la collación de San Román, para tomar allí raíces y florecer en virtudes y grandeza. El día 7 de Enero, unas horas más tarde, era nuestra Divina Pastora la que, obligada al forzoso destierro, llegaba a la Iglesia Filial de San Martín de Tours desde el Ex-Convento de Nuestra Señora de la Paz, sede de la Cofradía de la Sagrada Mortaja tras el incendio de Santa Marina. Una encontraba su casa en Santa Paula, la otra iniciaba un destierro que no terminaría hasta cincuenta años más tarde en la calle Amparo.

 

Podemos imaginarnos la penosa situación que encontró Sor Cristina en los años de la más dura posguerra. La debilidad, el hambre, el abandono, las dificultades harían mella seguramente en el ánimo de las religiosas. Sin embargo, Sor Cristina, que en Mayo de 1943 hace la Profesión Perpetua, entiende que por su ánimo y nobleza ha de tomar las riendas de la casa y apenas un año más tarde fue elegida Priora del Monasterio de Santa Paula, ostentando por cuarenta años el más alto honor y la más profunda responsabilidad.

 

Podemos imaginarnos con qué cariño rezó a la Santísima Virgen en lo íntimo de la clausura; con qué empeño laboró para mejorar las condiciones de su comunidad, haciéndola modelo de progreso al instalar en 1979 el primer Museo dentro de una clausura que podía ser visitado por los turistas y sevillanos en general. Bajo su coordinación, empleando sus bienes y donando su colección al Monasterio para disfrute de todos, hizo posible que Santa Paula mantuviera, cinco siglos después de su fundación, el carisma para el que había sido establecido por doña Ana de Santillán.

 

En 1982, a Sor Cristina le esperaba el gozo de conocer en persona a San Juan Pablo II, que le dio la comunión en la ceremonia de Beatificación de Santa Ángela de la Cruz, celebrada en el Campo de la Feria el día 5 de Noviembre de aquel año. Apenas dos años más tarde, el día 13 de Julio de 1984, Sor Cristina rendía su alma a Dios, dejando en aquellas jóvenes religiosas, muchas de ellas de origen hindú y americano, la certeza de su convivencia con una Santa a la que se le ha abierto ya el proceso de Beatificación en la Santa Sede.

 

Sor Cristina cuenta entre sus obras con una pieza fundamental para nosotros. Tal como veíamos la semana pasada, en 1957 va a escribir un piadoso librito titulado “Mes de las Flores”, que servía para reverenciar a la Divina Pastora en el Monasterio de Santa Paula por parte de su Comunidad. Si bien la Hermandad, en algún momento había abandonado, de pura necesidad, la obligación de rendir culto a la Santísima Virgen en el quinto mes del año, consagrado desde siempre en su honor, Santa Paula había mantenido sin cansarse esta piadosa práctica, lo que nos une de forma singular a las intenciones espirituales de la Comunidad Jerónima. A partir de la segunda mitad del siglo XX, se va estableciendo la costumbre de trasladar los Cultos tradicionales del mes de Agosto a dicho mes de Mayo, con ambiente propicio para celebración de diversas advocaciones marianas.

 

En 1979 tenemos constancia de que el Triduo se celebró durante los días 22 a 24 de Mayo -coincidiendo con nuestro actual Jubileo Circular- y desde entonces, tanto el Triduo como la Salida Procesional, con algunas intermitencias, se celebraron en el entorno de los últimos días del mes. Esta traslación de los Cultos Solemnes podemos decir que impedía consagrar el Mes de Mayo con total comodidad. Al trasladarse a partir de 2011 el Solemne Triduo al mes de Septiembre, quedaron para el tiempo primaveral de Mayo dos celebraciones que han ido tomando singular importancia: el Jubileo Circular, con motivo del cual se consagra un Triduo al Santísimo Sacramento del Altar, ya prescrito en las nuevas Reglas, y el propio Mes de María, en el cual se lleva a cabo el ejercicio piadoso coincidiendo con los Domingos del mes, de forma previa a la Misa de Hermandad, empleando para ello el Ejercicio propio escrito en 2013 por nuestro hermano Don Francisco Javier Segura Márquez, tras la oración inicial se ofrece a la Virgen una flor, de la más hermosas y habitualmente disponibles, glosando sus virtudes y las de la Madre de Dios a través de la belleza de la propia flor que se le entrega. Tras el rezo de Tres Avemarías y Gloria se concluye con una breve oración final. Como canto de entrada se alterna el tradicional “Venid y vamos todos” con el que, con música propia para la Hermandad, compuso el maestro don Evaristo García Torres en 1885 para los Ejercicios en acción de gracias por haber librado de la pandemia del cólera morbo al barrio de Santa Marina.

 

En las imágenes podemos contemplar cómo, a los pies de la Divina Pastora, en diferentes altares y ocasiones, se deposita un violetero con la flor correspondiente, que se mantiene en dicho lugar hasta la siguiente semana, cuando se cambia por la que corresponde durante el Domingo posterior. Siempre la rosa para el primer Domingo, y el resto de las semanas se elige entre nardo, azucena, cala, alhelí, hortensia, astroemeria, jacinto, clavel o gladiolo, dando así amplitud al abanico de flores que se pueden ofrendar. Todas ellas componen, como reza la oración, “la más hermosa diadema para coronar a María los Domingos del mes de Mayo”. No olvides acompañarnos en este último Domingo del mes, trayendo a María la flor de tu corazón consagrado y afecto. Muchas gracias por acompañarnos una nueva semana en nuestros Jueves Pastoreños.










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