Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en el mes del Rosario
  • jueves, 29 de octubre de 2020
  • faltan 150 días para el Domingo de Ramos

José Manuel Elena Martín: “El nivel del bordado está bajando muchísimo”


Daniel y Juan Alberto García Acevedo. En esta ocasión nos hemos acercado a la calle Jesús del Gran Poder, al taller de Sucesores de Elena Caro para conversar con su actual director, José Manuel Elena. Hacía tiempo que no sabíamos nada de este emblemático taller para la ciudad y hemos visto como continúa la producción aunque a menor volumen que en tiempos pasados, pero con la misma calidad de siempre.

Ahora están centrados en trabajos para Dos Hermanas y Olivares, entre otras cosas, y entre puntada y puntada José Manuel nos ha hecho un repaso de la trayectoria del taller, del momento presente de este arte y de la siguiente sucesión familiar.

 

 

 

¿Cómo y en que año empieza este taller?

Pues mira, los comienzos del taller se remontan a principios del siglo pasado. La actividad del bordado en la familia ya supera el siglo, porque mi tía Victoria aprendió el oficio con las hermanas Antúnez. Estuvo bordando durante algún tiempo con ellas y después pasó al taller de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, al que le hizo muchos trabajos. Posteriormente ella empieza a hacer algunas cosas por su cuenta. Entre los años 1917 y 1918, el año no está muy definido, porque desgraciadamente mucha de la documentación antigua se destruyó en la riada de 1961, empieza este taller. En el año 1918 ya es seguro que existe el taller con el nombre de José Caro, que era el hermano de Victoria y fueron los dos que se asociaron para empezar la singladura del taller. Él era una persona muy vinculada con la Semana Santa, trabajaba en la librería Eulogio de las Heras, y desde entonces continúa sin ninguna interrupción hasta la fecha actual, porque curiosamente hasta en los años de la Guerra Civil

 

se hicieron muchísimas banderas, insignias, etc. Yo siempre he escuchado a mi padre y a mi tía contar la anécdota de que en esa fecha es la que más se trabajó haciendo cosas, naturalmente, relacionadas con temas militares.

Mi tía Victoria está en el taller en plena actividad hasta los años 30 y en el año 29 mi tía Esperanza se inicia y colabora en la dirección con Victoria. Ya en el 36 es Esperanza la que coge la dirección del taller hasta que muere en el año 1985. Ella llevaba el taller junto con mi padre, ya que al morir José Caro fue mi padre el que se hace cargo de la parte administrativa. Él también dibujaba y colaboraba mucho en las faenas del taller. En el año 61 muere mi padre y entonces soy yo el que me integro de una manera plena en todas estas tareas. En el año 1985 muere Esperanza y sigo yo solo al frente del mismo hasta el momento actual, en el que parece ser que mi hija Carla es la que tiene intención y deseos de que esto siga adelante. Yo no se lo aconsejo, pero en fin, allá ella (risas).  

 

¿Cómo era Esperanza Elena Caro, porque conocemos su obra pero quizás no sabemos  mucho de ella como persona?

Hombre, mi tía Esperanza era una persona con una personalidad tremenda. Refleja lo que hizo, porque los bordados de ella son, sinceramente, bordados valientes. Llegó a dominar todas las técnicas, tenía un amor propio tremendo. De echo, con Ignacio Gómez Millán, que ha sido uno de los diseñadores e impulsores del taller y muy amigo de la familia, visitaron Guadalupe, Granada, Toledo, etc., sitios donde existían bordados antiguos, de cierta envergadura y calidad. Además ella tenía un don especial para dominar cualquier técnica que veía. Tenía una personalidad tremenda, yo la he visto pelearse con todos los cofrades del mundo y existen anécdotas realmente curiosas.

 

 

¿Cuéntanos alguna anécdota sobre el manto de la Coronación de la Macarena?

La historia del manto en sí es todo una anécdota. Se proclama la Bula de coronación de la Virgen y la hermandad viene porque quería hacerle un manto. Empiezan los primeros contactos, se hace una idea, se hace un boceto y la hermandad se decide que lo va a hacer. Ahora viene la segunda parte, el presupuesto. Y fue astronómico. Hasta tal punto que la hermandad desistió porque aquello era una barbaridad y no se podía hacer de ninguna manera. Se presupuestó en 1.650.000 pesetas y, para que te hagas una idea, el más caro que se había echo en ese momento era el de la hermandad del Baratillo, que en aquella época todavía no se había concluido, y se presupuestó en 460.000 pesetas. Más de tres veces el más caro. Pero llega la señora de José Banus, que siempre ha sido muy devota de la Macarena, hasta el punto de regalarle joyas personales, y entonces preguntó a la hermandad que como iba el manto. Ellos le dijeron que era materialmente imposible realizar la pieza por cuestiones

 

económicas. Entonces la señora dijo que no, que el manto se hacía y, literalmente, sacó un talonario de cheques y firmó uno por valor de medio millón de pesetas y dijo: “esto para que se empiece el manto”.

Claro, entre unas cosas y otras estamos a 9 meses de la coronación. El manto no dio tiempo material ha hacerlo y la víspera de la salida se llevó de casa en la baca de un taxi, que por cierto Juan Carrero tenía hasta la matrícula apuntada. En el taxi se llevó sin terminar y hasta se le cayeron algunas piezas por el camino. Y se concluyó después de la coronación, pero con todo se terminó en un tiempo record, en menos de un año. Hubo 40 mujeres trabajando en el manto. Así que esa es la historia del manto de la coronación de la Macarena.

 

 

 

¿Cómo está actualmente el taller de trabajo?

Ahora mismo esta bien. Menos que otras veces, yo me reservo también un poquito porque ya no estoy para tantos sofocones. Pero dentro de la capacidad que nosotros tenemos estamos a tope.

¿Desde hace unos años a esta parte se ha producido un pequeño bajón en la producción, porque crees que es debido?

Yo tengo dos teorías sobre esto. En primer lugar en Sevilla hay 300.000 talleres, rara es la hermandad que no tiene su taller, entonces para los talleres “profesionales”, al haber tanta oferta, baja la demanda. Además los costes que nosotros tenemos son superiores al de las escuelas talleres que empiezan a bordar en sus hermandades o en los pueblos. Esto hace que aumente la competencia aumente y como las hermandades en general, desgraciadamente, no entienden de lo bueno y de lo malo. La hermandad lo que quiere

 

es una cosa que brille un poquito y que la persona diga, “eso lo hice yo”. No se busca la calidad y si lo económico. Hombre, hay excepciones, evidentemente. Pero en la actualidad no se suele buscar la calidad como se hacía en otra época. Y los talleres que tenemos que presupuestar una obra en un cierto nivel, porque para hacer una cosa buena hay que pagarla, pues reduce un poquito el tema de que haya menos trabajo.

¿Cómo ves el nivel de bordados y bordadores en la actualidad?

Pues casi te he contestado en la pregunta anterior. En Sevilla hay dos o tres talleres, que se pueden decir que son profesionales, dos o tres que bordan bien y los demás. Y con esto no quiero que se me interprete mal, en ningún sentido. Porque bordadores hay muchos, que hacen su trabajo bien, pero que carecen de un gusto del bordado que es lo que le da vida y prestancia a un bordado. Puede haber un bordado muy sencillo pero que si tu lo interpretas de una

 

manera determinada resulte maravilloso. Y eso es lo que creo que falta ahora, nivel. Para conseguir esto hay que vivir mucho el bordado. Yo tengo 40 años de oficio y te puedo decir que todavía a la hora de realizar alguna cosa dudo de cómo hacerla. He estado desde el año 61 hasta el 85 con mi tía viendo como se hacen las cosas. Para tener un conocimiento de cómo sacarle un partido a un dibujo o de un bordado hay que tener mucha idea de los bordados y buen gusto. El nivel del bordado, y siempre lo he dicho no es la primera vez, está bajando muchísimo. Como, quizá en la orfebrería y en otras artesanías de la Semana Santa. Porque la cantidad, evidentemente, va en detrimento de la calidad. Además, hoy todo el mundo es bordador. Yo tengo una anécdota, que la he contado en más de una ocasión, de ir a un taller de un pueblo y preguntarle “Usted donde ha aprendido” y responderle “yo, en el taller de Elena Caro” (risas), “pero si yo no te conozco”.

 

 

¿Alguno de los actuales bordadores ha salido de tu taller?

De aquí, Chari Bernardino. Que ella se puede considerar dentro de la categoría de taller profesional. Ella estuvo mucho tiempo con nosotros. Después hay un par de bordadores en Sevilla, bueno un par no, quizá uno nada más, que ha estado aquí pero estuvo muy poco tiempo. Creo que meses nada más. Y en meses no se aprende un oficio. Dicen que han aprendido aquí y en meses es imposible aprender. Se puede aprender a bordar, pero para dirigir un taller hace falta mucho más tiempo. En Sevilla está Chari y ya esta. Después aquí estuvo Juan Rosens, que actualmente está en Málaga. Este estuvo más tiempo. No de una manera continuada, pero si es verdad que aprendió bien y vino durante varios años. Este muchacho también se puede decir que ha salido de nuestro taller. Después, todos los demás, aunque te lo digan, tú les dices que si, ya está. Porque te encontrarás alguno que te lo diga (risas).

 

¿Qué obra es la que más trabajo os ha costado?

Una obra que ha costado mucho trabajo, aunque yo lo conozco por referencias, pero vi el desarrollo del mismo y costó mucho esfuerzo realizarlo y enjaretarlo, es el palio de la Universidad. Porque eso llevaba una cantidad de cosas, después el moldurón que hubo que hacerle. Yo me acuerdo de ver a mi tía y a mi padre con los problemas que tuvieron. Hicieron una redecilla primero, tuvieron que cambiarlo. Después hicieron un baquetón de hierro que hubo que quitárselo porque aquello le daba una pesadez impresionante a la pieza. Y aquello costó muchísimo trabajo hacerlo. Después también todas las obras de envergadura, el mismo manto de la coronación de la Macarena, el manto de la Esperanza de Triana, etc.. Y también son siempre complicados de hacer los palios de malla. Porque tienen que cuadrar muy bien. Me acuerdo que una vez hicimos un manto para Zaragoza, relativamente hace poco tiempo, que hubo que ir a Zaragoza a sacar una plantilla, diseñar un

 

pollero, volverlo a traer. Porque ellos no lo hacen como aquí, lo montan con una especie de canuto, como de cartucho de pescado completamente liso. Entonces hubo que dar varios viajes y fue un poco complicado. Pero, en fin, son problemas que finalmente se solventan.

¿Y a la que más cariño le tienes?

La obra que más cariño, hombre...., aparte de por se lo que es, para mi el manto de la coronación de la Macarena y, por supuesto, el manto del Baratillo. Y las dos por la  misma cosa. Cuando murió mi padre el primer contrato que se hizo en la casa fue el manto del Baratillo. Y es la primera obra en la que yo dirigía los trabajos. Aparte soy hermano de esta hermandad prácticamente desde que nací y es en la única en la que he salido de nazareno. Y el manto de la Macarena porque dio la circunstancia que al poco de morir mi padre fue cuando se contrató y comenzó la obra. Obra de gran envergadura y en la que yo me estrené

 

dirigiendo el taller, con los problemas que eso conlleva. Y sin tener ni idea de esto, porque yo estaba estudiando química. Hombre, algo si sabía porque alguna cosa había bordado, sobre todo en cuaresma, pero administrativamente fueron las dos primeras obras.

¿Cómo se plantea el futuro del taller, se mantendrá la línea de sucesión?

De momento, si, hay una línea de sucesión. Continuará Carla, mi hija. Ella ha echo Bellas Artes, ha estudiado un master de restauración de tejidos. Actualmente colabora en muchos trabajos con el Instituto Andaluz del Patrimonio y está entusiasmada con seguir con el taller. Esperemos que tenga suerte y que siga adelante. Yo lo que quiero es que me quiten ya un poquito de responsabilidades (risas). Mi tía nunca se jubiló. Hasta tres meses antes de morir seguía bajando al taller y yo me parece que voy por el mismo camino.

 

¿Una hermandad?

Quizás un par de ellas, hombre. La Macarena ha sido la hermandad de la familia, sin embargo nunca hemos estado integrados en ella. Yo sí he estado integrado en el Baratillo y actualmente en el Dulce Nombre. Estas dos últimas son las que ocupan mi parte afectiva de la Semana Santa.

¿Un Cristo?

La Buena Muerte.

¿Una Virgen?

El Dulce Nombre.

¿Quiere añadir alguna cosa más que se nos haya quedado en el tintero?

No, creo que ha estado muy bien la entrevista.

Pues gracias por dedicarnos unos minutos para Arte Sacro.

Gracias a ustedes por acordarse de nosotros.

Fotos: Juan Alberto García Acevedo.










Utilizamos cookies para realizar medición de la navegación de los usuarios. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso.