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Opinión. Tertulias. Juan Manuel Labrador Jiménez


 Muy asiduamente, hablamos en el seno de nuestras Hermandades de las famosas tertulias cofradieras, muchas de las cuales las formamos al salir de trabajar de las secretarías o mayordomías en el bar más cercano, o cuando en grupo se acude, en estos fines de semana, a visitar los diversos besamanos y besapiés que aparecen fijados en el calendario de la cuaresma.

Desde hace unos años, las tertulias también tienden a estar institucionalizadas, creándose asociaciones, con su preceptivo registro, que poseen un bar propio, y en el cual se reúnen para hacer diversas actividades culturales, como proyecciones de diapositivas, presentaciones de carteles...

Pero, ¿por qué hablamos hoy de las tertulias?, ¿a dónde queremos ir a parar concretamente? Pues muy fácil. Cuando nos reunimos en tertulia, ¿solemos tener presente el nombre de Dios? En muchísimas ocasiones, la respuesta es, indudablemente, negativa.

El padre Javierre, en su Pregón de la Semana Santa de 1993, destacaba una anécdota que le ocurrió con un cofrade cuando éste le dijo que si Jesús, al terminar de pescar con sus discípulos, también tendría con ellos sus tertulias, algo similares a las que hoy podríamos tener. José María Javierre dijo que, quizás, puesto que venían de trabajar y podría ser algo normal. Pero claro, en esas tertulias, Jesús evangelizaba a sus fieles amigos, por tanto, ahora viene mi pregunta: aunque sea en la barra de un bar, ¿por qué no nos atrevemos a hablar de Dios más a menudo?

No obstante, no sólo voy a referirme a ese tema, sino también a uno que ya ha sido tocado días atrás, como es el de la formación. ¿Por qué cuando nos reunimos en tertulia, nunca hablamos de estos problemas formativos con los que tantas veces nos encontramos?, ¿por qué nos limitamos a preocuparnos sólo en estas conversaciones con una cervecita en la mano o un rioja, de cómo está montado el altar de quinario o el besamanos, o de lo que hace o deja de hacer determinado miembro de junta, y nunca se habla, por ejemplo, de que los chavales que están en el grupo joven necesitan de una catequesis que no se les da en sus colegios e institutos?

Hagamos un buen uso de nuestras tertulias, y que en ellas, de vez en cuando, hablemos también de lo que sea realmente importante, y no sólo nos limitemos a hablar de la actuación de determinados hermanos en sus tareas o del exorno de nuestras priostías.

Foto: José Luis Martínez










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