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Liturgia. Las oraciones de la Misa. Jesús Luengo Mena


 Durante el desarrollo del rito de la eucaristía el sacerdote desarrolla varias acciones: gestos, saludos (El Señor esté con vosotros), moniciones (unas improvisadas pero en su momento oportuno, otras reguladas como el Oremos), diálogos con el pueblo (como el que introduce al Prefacio), lectura evangélica, homilía y oraciones. En este artículo vamos a tratar de las oraciones que el sacerdote dice en la Misa, excluyendo la Plegaria eucarística “ápice de la celebración”, ya que por su importancia merece un artículo para ella sola.

En primer lugar decir que no todo lo que se dice en la Misa es una oración. Oraciones son palabras que dirigimos a Dios, para alabarle o suplicarle. Así pues, en las oraciones, el sacerdote no se dirige al pueblo sino a Dios. Por eso comienzan con frases del estilo de “Te rogamos, Señor...; Te pedimos...; Escucha Señor... y similares. Se concluyen con una formula trinitaria de las varias que existen.

En la Misa hay que distinguir dos tipos de oraciones: aquellas que el sacerdote dice en voz baja porque no se dirige a Dios en nombre de la comunidad sino en el suyo propio (como por ejemplo la que pronuncia antes del Evangelio, al lavatorio o en la comunión) y aquellas oraciones que dice en voz alta, como portavoz de la asamblea. En este caso habla en plural.

Las oraciones de la Misa son acciones que pertenecen al celebrante principal, que siempre las debe pronunciar él, nunca un concelebrante. Por eso se las llama también oraciones presidenciales. Estas oraciones son: oración colecta, oración sobre las ofrendas, la oración después de la comunión y como más importante la Plegaria eucarística. También el presidente introduce y concluye la Oración de los fieles y el Padrenuestro, que reza toda la asamblea.

Las oraciones se deben escuchar siempre en pie, salvo el momento de la consagración, en que se permanecerá de rodillas.

Veamos brevemente cada una de ellas.

La oración colecta se dice tras el Gloria, si lo hay, o tras el “Señor ten piedad”. Mediante esta oración se expresa la índole de la celebración, o sea, el carácter propio del día. Si es solemnidad, fiesta o memoria se suele citar en la misma el santo que celebramos. Se la llama así porque recolecta las intenciones individuales en una sola oración que se convierte en la oración de la Iglesia. También se la llama a veces oración del día o de la Misa. Se considera la oración más importante de las variables y concluye con la fórmula trinitaria más desarrollada.

En épocas pretéritas, cuando los fieles se reunían en una iglesia y se trasladaban procesionalmente a otra para la Misa, era la oración inicial que se rezaba cuando el pueblo estaba reunido. Actualmente, con la oración colecta concluyen los ritos iniciales y se da paso a la Liturgia de la Palabra.

También se llama colecta a la recaudación monetaria que se hace a favor de los necesitados durante la Misa.

La oración sobre las ofrendas se pronuncia una vez preparados los dones sobre el Altar y tras el lavatorio. El sacerdote nos invita a orar con el “Orad hermanos para que este sacrificio mío y vuestro...” y tras la respuesta del pueblo pronuncia la oración. Es el momento más importante del rito de preparación de los dones.

Hay que hacer notar que durante esta oración se ha generalizado la costumbre del pueblo de permanecer sentados, indebidamente.

La oración de poscomunión se reza tras el momento de silencio y reflexión una vez terminado de repartir el Cuerpo de Cristo. De nuevo el sacerdote nos invita a orar y, el pueblo en pie al mismo tiempo que el sacerdote se levanta, escucha la oración y la concluye, al igual que todas las demás, con un AMEN. Su contenido hace referencia a alguno de los efectos del sacramento recién recibido relacionándolo con la fiesta celebrada o con el tiempo litúrgico.

Otras oraciones como la Oración de los fieles o el Padrenuestro serán objeto de diferentes artículos.

Jesús Luengo Mena, Lector instituido

Foto: Francisco Santiago










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