Arte Sacro
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Puerta Osario. 50 Historias. Álvaro Pastor Torres


 De Juan de Mesa a Juan de Astorga pasando por Alonso Cano, Pedro Roldán y su amplio y prolífico taller familiar, Bernardo Simón de Pineda, Felipe Martínez, Francisco Antonio Gijón (vulgo Ruiz Gijón) o los muy desconocidos tallistas del siglo XVIII (Medinilla, García de Santiago, Ruiz Paniagua, etc.). Pleitos famosos entre hermandades orgullosas; cofradías desconocidas (la Sexta Angustia o la del Pecado Mortal); reglas y estatutos que cruzaron el ancho océano para instituir en el Nuevo Mundo corporaciones homónimas a las sevillanas, ya fuera en la Nueva España o en el virreinato del Perú; gremios pudientes; tallas documentadas y artistas sacados del olvido; leyendas confirmadas históricamente, tradiciones desmentidas y milagros sucedidos.

El Boletín de las Cofradías de Sevilla celebra este mes su medio siglo de existencia y en vez de organizar un pontifical en altar con siete velas y procesión extraordinaria al uso ordinario –que es lo más normal entre el ramplón capilleo andante– ha editado un libro recopilatorio con 50 aportaciones a la historia de la Semana Santa de Sevilla que han visto la luz en sus páginas. Para más señas la publicación se pone de largo el lunes por la tarde en la capilla de Santa María de Jesús, oratorio de la primitiva Universidad  hispalense donde aún está el carmonense Maese Rodrigo Fernández de Santaella  presentándole a la Virgen de la Antigua la maqueta de su colegio, cuya puerta gótica hemos hoy de buscar en el “desamortizado” -por la propia Iglesia- monasterio de Santa Clara.

La investigación de tema cofrade tiene sus incondicionales y hasta su momento, y si no que lo pregunten en ciertos archivos sevillanos que están más concurridos de lo habitual cuando se acerca la cuaresma. A pesar de que ha sido menospreciada reiteradamente desde ámbitos universitarios –quizá porque muchos que la critican no lograrán en su  vida docente publicar ninguna obra de Alonso Cano, algún Roldán o Simón de Pineda, como han hecho otros historiadores e incluso “aficionados” de menos fuste- estos  estudios han aportado muchas claves para entender mejor el complejo fenómeno de la religiosidad popular que sigue dando de comer a tantos artistas.

Pero quizá lo que más mérito tiene en este mundo que nos ha tocado vivir no es el Arte en sí que ha sido documentado y puesto en valor, como dicen ahora, sino más bien el amor al arte por el que trabajan estos investigadores a los que tales buceos sin oxígeno en las profundidades de archivos polvorientos les cuestan, además de la incomprensión muchas veces, el tiempo, el trabajo, el dinero, y a algunos, hasta la salud. 

(Envío: a Rafael Jiménez Sampedro y su equipo). 

Publicado en  El Mundo de Andalucía, Edición Sevilla, el Sábado 24-X-2009










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