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Puerta Osario. Maese Farfán. Álvaro Pastor Torres


 El primer tercio del siglo XX aportó a Sevilla un buen número de personajes harto peculiares, algunos de ellos bastante conocidos: Fernando Villalón, ganadero deimposibles toros con ojos verdes, teósofo y brujo; Adriano del Valle, poeta ultraísta que llegó a escenificar la puesta de un huevo mientras daba una conferencia en el Ateneo o Rafael Gómez Ortega, matador de toros famoso por sus frases lapidarias y su habilidad para dilapidar fortunas. Pero también hay otros más desconocidos como Enrique Orce, escultor y ceramista, autor del célebre azulejo del Studebaker en la calle Tetuán, empedernido fumador de Ideales que en el movido y anticlerical año de 1931 se montaba en el tranvía de Triana con el hábito morado del Gran Poder (para lo que ya había que tenerlos bien puestos); Rafael Lasso de la Vega, otro vate ultraísta con un grave problema de orquitis, que declamaba a los clásicos mientras sus amigos le lavaban los huevos una vez por semana en una pensión que había en la casa de los Pinelo o Maese Farfán, seudónimo literario de Francisco de Paula Farfán Ramos, carpintero de lo blanco, ebanista, tallista de pasos procesionales (por ejemplo el del Cristo del Calvario), diseñador de bordados, bibliófilo, erudito de temas sevillanos, ratón de archivos y bibliotecas (el profesor Valdivieso ha publicado dos tomos con sus fichas en las que se aportan muchos datos sobre artistas del pasado), colaborador de prensa (diario La Unión o revista Bética) y hasta profesor del republicano Instituto Escuela que dirigió Carriazo.

Hijo de un humilde corral de vecinos de la calle San José -y primo del célebre músico militar Manuel López Farfán-, llegó a este mundo recién estrenada la Constitución democrática de 1869, y le tocó servir durante 4 años 4 como guardia civil de segunda clase en Jagüey, provincia de Matanzas, allá por una Cuba efervescente donde ya se mascaba el desastre del 98. La vida y pasiones de este artista quedan perfectamente reflejadas en su exlibris –fiel espejo de toda alma ilustrada- donde aparecen un banco de carpintero, una estantería con libros y un gato para reflejar su adicción a la noche, territorio propicio para la creación intelectual.

La editorial Jirones de Azul, por la pluma de Carlos Noguero y Juan Antonio Bertoméu, acaba de rescatar unos textos de Farfán recopilados bajo el sugestivo título de Crónicas negras de la Sevilla Barroca, un compendio de sucesos donde no faltan asesinos, pederastas o rufianes de variada calaña, más o menos como ahora pero sin el terrible “mármol de la Audiencia” del que colgaban los condenados a la pena capital.

Publicado en El Mundo de Andalucía, Edición Sevilla, el Sábado 6-II-2010










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