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Opinión. Los besos de Judas, hipocresía costalera. Julio Jiménez.


Nos encontramos inmersos en plena cuaresma y por tanto en plena temporada de ensayos de costaleros en Sevilla. Son solo 5 años los que cumplo bajo las trabajaderas, y tras estar prácticamente en el ecuador de mi particular calendario de ensayos, me asomo a este balcón cofrade para hacer alguna que otra reflexión.

Hace no muchos días mantuve una leve conversación taurina con un gran amigo y ex-novillero. Entre chicotá y chicotá, me comentaba mi querido “torero” que él odiaba todo lo que rodea al mundo del toro, que lo único que a él le gustaba era ponerse delante y poder sentir el suspiro de un animal bravo al rodear su talle en un colosal derechazo. Algo parecido me pasa a mí, pero en el mundo del costal.

Ya he conocido a muchas personas de este entorno, tanto costaleros y capataces, como gente que se mete debajo y personas que se ponen delante. De los cuales puedo considerar mis amigos a pocos de ellos, aunque los que lo son, lo son de gran valía. Pero por contra, muchos de ellos me producen un rechazo elevado al máximo exponente, me refiero aquellos que están constantemente llamando la atención con bromas estúpidas, aquellos que se permiten el lujo de criticar con maldad y a las espaldas, muchos de ellos, llevan años debajo de los pasos y no se les ocurre ayudar, arropar y aconsejar a los jóvenes que están empezando en esta bonita afición, de lo contrario se dedican a hacer duros comentarios para bajarles la moral, son aquellos que creen saber más que nadie, y es que el mayor error que puede cometer una persona, es creerse inteligente, cuando simplemente es un listo. Pero eso sí, el beso y el abrazo en el saludo y en la despedida, no se los quita nadie, la vieja treta de te doy la puñalada por detrás y luego te pongo una sonrisa y te doy un beso.

Esa misma acción ya se la hizo hace 2000 años un “amigo” al hijo de Dios… y es que para muchas cosas parece que no pasa el tiempo, aún hay muchos Judas sueltos, y por supuesto, también debajo de los pasos. Y una de las bases de todo esto radica en la envidia de unos a otros, porque muchos se creen “vacas sagradas” dentro una cuadrilla o piensan que porque llevan 24 años en un puesto de responsabilidad, son dueños de ese sitio, y se olvidan de que están a disposición del que manda y sobretodo de quienes van encima de los pasos. Y por supuesto, partiendo de estos precedentes, como llegue alguien nuevo que les quite algo de esa responsabilidad y protagonismo, montan en cólera, hasta el punto de ir a hablar con el capataz para pedirle explicaciones, pero eso no es lo peor, lo peor es que a la media hora, copa en mano, se dedican a poner a sus amiguillos de la cuadrilla en contra del de negro y de quien haga falta.

Detrás de todo esto se esconde un problema casi insalvable, en el cual casi no puede mediar ni el señor del martillo, me explico: debajo de los pasos nos reunimos personas de muy diferente índole, y debido a ello, el entendimiento, la lealtad, la complicidad, el compañerismo, conceptos que en este tipo de actividades deberían de estar más que asumidos, suponen un importante escollo. A ver como le dices tú a un señor que lleva desde la época de los profesionales lidiando debajo de los pasos, que los tiempos de necesidad ya pasaron, que debajo de los pasos se va a disfrutar, no a sufrir ni a ganarse el pan, que fumar, hacer nuestras necesidades y decir tacos bajo imágenes que son sagradas, es una tremenda  falta de respeto y denota una ignorancia supina. Todo esto se resume en que existe una gran escasez en la educación más básica, la que hay que traer de casa, y si los más viejos presentan un importante déficit en humildad, saber estar y disciplina ¿que le vamos a pedir a los que ahora llegan? En fin,  además de todo esto, si a estos personajes se les tiende la mano, te dislocan el hombro, que de eso se yo algo.

Voy a terminar matizando que no podemos olvidar que el puesto que hoy tenemos debajo de los pasos, lo que hoy somos, mañana no tiene porqué ser así, es decir, el que hoy es patero en última, mañana puede ser corriente en penúltima, el que va en la Virgen, el año que viene puede ir en el Señor, el que hoy sale en el costero, pasado puede estar a 4000 kilómetros o con una pierna fracturada, disfrutemos de lo que tenemos hoy y soñémoslo durante todo el año. Como me dijo un señor muy grande: “Hijo, lo importante es estar”.

                                                                                                                           Julio Jiménez, simplemente, uno más.










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