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«El pequeño costalero. Una historia de la Semana Santa de Sevilla». Entrevista con Antonio Puente Mayor


Arte Sacro. Siete años después de su irrupción en el mercado editorial con «Nazarenos de caramelo», un éxito incontestable que llegó a ser finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, y tras alumbrar proyectos como «Cofrades de leyenda» (2012), «40 Cuentos de Semana Santa para 40 noches de Cuaresma» (2015) y «La Pandilla Morada. El misterio del nazareno sin sombra» (2017), Antonio Puente Mayor vuelve a la actualidad cofradiera con «El pequeño costalero», publicado por la editorial Babidi-Bú. Una obra dedicada a los niños, pero que igualmente puede servir para todas aquellas personas que, de alguna forma, se han sentido atraídos por un paso. Y aunque desde el mes de diciembre ya puede encontrarse en las librerías, su presentación oficial tendrá lugar el sábado 3 de febrero a las 12.30 horas en el salón de actos del Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, en la calle Sierpes y con entrada libre. Ese día, Antonio Puente Mayor estará acompañado por Lupe Coronel, arquitecta, pintora y responsable de las preciosas ilustraciones, y Jesús M. Romero, costalero del Amor y capataz de la Borriquita de Castilblanco de los Arroyos. Una cita dirigida a cofrades, costaleros y aficionados a la Semana Santa de todas las edades y condiciones.

¿Cómo surge este libro?

La idea, en cierto modo, surgió en el seno de la editorial Babidi-Bú, cuando en 2015 conseguimos situar a «40 Cuentos de Semana Santa para 40 noches de Cuaresma» en el número 1 de los más vendidos durante 3 meses, lanzando varias reediciones y, lo que es más importante, logrando emocionar a los lectores —muchos de los cuales no dudaron en darme las gracias en persona y a través de las redes sociales—. Este hecho motivó que el equipo de editores me animase a construir una nueva historia familiar sobre nuestra fiesta. Se daba el caso de que uno de ellos sacaba una cofradía de Vísperas, y al hablar con sus compañeros de cuadrilla llegó a la conclusión de que no existía ningún libro sobre costaleros dedicado expresamente a los niños. Muchos de ellos son padres, por lo que, de ver la luz, este podría servirles para explicar esta preciosa afición a sus hijos, y, de este modo, perpetuar la tradición familiar.

Una enorme responsabilidad, por tanto.  

Todo lo que tiene que ver con la familia merece el mayor de mis respetos. Yo también procedo de un entorno cristiano y cofrade, y gran parte de lo que soy se lo debo a mis padres.

¿Y de qué modo encaraste el proyecto?

Pues con mucha ilusión y, al mismo tiempo, con mucha cautela. Para empezar, he de reconocer que yo jamás me he metido debajo de un paso. Sin embargo, sí he tenido la suerte de sacar una cruz de mayo como capataz en Triana, en la época en la que esta afición vivía algunos de sus momentos más dulces. Te estoy hablando de los años 80, cuando los niños jugábamos en la calle, la vida era más pausada y dejábamos volar la imaginación.

Eso quiere decir que el libro es, en parte, autobiográfico

Completamente. De ahí que a aquellas personas que lo han leído y que sienten la Semana Santa como algo hermoso y puro, se les haya saltado las lágrimas al descubrir algunos de los pasajes. Yo nunca fui costalero, pero sí compañero de colegio de muchos integrantes de magníficas cuadrillas, como la de mi hermandad de San Gonzalo. De ese modo sólo tuve que cerrar los ojos, tirar de recuerdos y ponerme a escribir.

¿Qué cuenta exactamente ‘El pequeño costalero’?

Es la historia de Salva, un chico sencillo hijo y nieto de costaleros —el mayor de ellos, de los llamados «profesionales»—. Como sucede en tantas ocasiones, el niño quiere emular a su padre y a su abuelo, por lo que se pone manos a la obra con la complicidad de este último. Lo primero que se le ocurre es, como es lógico, construir un pasito para pasearlo por el barrio. Pero lo que parece una empresa fácil, termina complicándose más de la cuenta…

Has citado a los costaleros profesionales. ¿Qué hay de ellos en el libro?

Pues, como te podrás figurar, muchísimo. Gracias a mi profesión como guía de tour operador he tenido la suerte de conocer a personas de diversa índole durante quince años. Y entre ellas, hubo varias que sacaron pasos en su juventud. Me estoy refiriendo a costaleros que, siendo apenas unos chavales, sacaban una cofradía tras otra a finales de los años 60 y principios de los 70, hasta poco antes de la llegada de las cuadrillas de hermanos. Es curioso que, sobre ese tema, se ha escrito y hablado mucho, pero la mayoría de los relatos suelen estar edulcorados. Sin pretenderlo, yo he accedido a la parte menos poética. La de aquellos que lo hacían simple y llanamente por llevar unas pesetas a su casa.

Esto quiere decir que ‘El pequeño costalero’ es más que un cuento…

Yo he preferido subtitularlo «historia», pues en cierto modo es un conjunto de retazos de muchas vidas. La de esos hombres que cito, la de mi propia familia o la de mis amigos y vecinos del barrio, algunos de los cuales hoy son grandes referentes de la Semana Santa. Asimismo, como suele ser habitual en mis libros, al margen de la ficción introduzco capítulos ‘técnicos’ que permiten a los lectores profundizar en la materia. De ese modo podemos encontrar el origen de los costaleros, sus usos y el argot, además de curiosidades que harán las delicias de los aficionados.

Triana está muy presente, imagino

Sólo en esencia. En ningún momento cito el nombre de la plaza o la calle donde se mueven y desarrollan los personajes. Esta misma historia bien pudo haber ocurrido en la Macarena o el Centro, pero también en el Cerro del Águila o el Tiro de Línea. El sentimiento cofrade no conoce de edades ni fronteras.

¿Qué sorpresa pueden encontrarse los lectores?  

La primera de ellas tiene que ver con los escenarios. No cabe duda de que Sevilla es el gran espejo en el que se miran todos los apasionados de la Semana Santa, tanto de España como de fuera de esta. Pero no debemos olvidar la provincia, donde se concentra un patrimonio de tal envergadura que, ya de por sí, podría llenar varias bibliotecas. Con mi libro, yo he querido homenajear a todas esas personas que hacen grandes las hermandades de los pueblos y cuyo sueño es llegar a la capital algún día. Pero eso sí, sin dejar de lado sus raíces…

Y por último, ¿qué nos puedes comentar de las ilustraciones de Lupe Coronel?

Conocer a Lupe ha sido una de las cosas más bonitas que me han pasado últimamente. El día que nos reunimos por primera vez en la editorial ya traía todos los dibujos en su cabeza, y algunos de ellos incluso abocetados. Jamás he trabajado con alguien que lo tuviese tan claro. Ello se debe a que es una auténtica enamorada de la Semana Santa y madre de una familia de grandes cofrades; y estos, a su vez, comparten muchos perfiles con mis personajes. Por tanto, sus dibujos —que están realizados con la técnica de la acuarela y son de una pincelada muy suelta— evocan la nostalgia de mi niñez y poseen ese lirismo que sólo una persona sensible y conocedora del tema puede aportar. Sin ninguna duda, su trabajo representa el cincuenta por ciento del alma de este libro.

Muchísimas gracias y buena suerte.

Gracias a vosotros por seguir divulgando nuestras tradiciones y por la difusión. 










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