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Liturgia. La preparación inmediata de la Eucaristía II. Jesús Luengo Mena.


 Completamos con este artículo el anterior, dedicado a los momentos y preparativos previos a la celebración eucarística.

Al llegar a la sacristía, el celebrante debe asegurarse y comprobar que se ha escogido la celebración apropiada, de acuerdo con el calendario litúrgico pastoral.  Debe recordar la intención particular por la que celebra el Sacrificio del Señor y marcar la página del misal, leccionario y del evangeliario si se usa. También pueden hacerlo ayudantes cualificados (un lector o sacristán).

Habría que señalar que hay «sacerdotes de sacristía», que se preocupan de demasiadas cosas, porque no delegan en los laicos la preparación del culto. Sin embargo a laicos nos gusta realizarlo, como ministerio laico que es. Al igual que los sacristanes, los demás ayudantes deben saber dónde se guardan las vestiduras sagradas, el pan, el vino, los lienzos, el incienso, el carbón, las velas y demás para que, si es necesario, se pue­dan reponer durante la liturgia.

A los sacristanes, ayudantes, acólitos y lectores nos corresponde encargarnos de los siguientes preparativos:

Retirar (si lo hay) el cubremantel  y dejar extendido al menos un mantel, encender la velas en o cerca del altar (dos, cuatro o seis depen­diendo de la ocasión). En este momento no queda nada sobre el altar excepto la cruz, las velas y las flores, si es que se colocan sobre el altar. El micrófono, discreto, debe estar operativo tanto en el altar como en la sede y en el ambón. También un antipendio o frontal del color adecuado se puede poner en el altar.

En la sede se colocan cerca el misal, o libro de la sede, y los libros para la oración de los fieles, los avisos y el micrófono.

En el ambón se pone el leccionario abierto, a no ser que se lleve en proce­sión. El texto que lee el lector de la oración de los fieles y la homilía también deben estar preparados. Un antipendio o frontal del color correspondiente puede adornar el ambón.

En la credencia se extiende un paño sobre la mesa y se coloca: el cáliz cubierto con un purificador doblado, la palia, el cubrecáliz (si se usa) del color de los ornamentos o blanco, un corporal doblado y otros cálices según las necesidades, cada uno con su purificador, atril y un misal grande si se utiliza un libro más pequeño en la sede. Si no hay procesión de ofrendas la patena con la hostia grande se coloca sobre el purificador que cubre el cáliz vacío. Añadir el aguamanil, la jofaina y la toalla para el rito del lavabo.

Si hay procesión de las ofrendas, se preparará una mesa apropiada y segura cubierta con un paño, sobre la que se colocarán: una(s) patena(s) grande y/o un copón con formas; las vinajeras con agua y vino y las ofrendas para los pobres de acuerdo con las costumbres locales. Aquí no debe haber velas encendidas. Es preferible que estos cálices no contengan el vino. Sin embargo, en las grandes celebraciones, los cálices deben prepararse antes de la Misa, para ganar tiempo en la preparación de las ofrendas.

El sagrario debe tener la llave cerca, con un corporal extendido y algunos purificadores para los han distribuido la Eucaristía..

Por último, en la sacristía, deben estar los ornamentos dispuestos preparándolos en orden inverso al que se sigue al revestirse. Si se usa incienso, se encenderá el carbón en el incensario unos minutos antes de la Misa y si antes de la Misa se va a bendecir el agua bendita, se prepara el acetre con el hisopo.

Foto: Francisco Santiago.










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