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La igualdad de la mujer. Javier Ramos Sáez.


 No es cuestión de feminismo ni de machismo sino que es cuestión de derechos. Los derechos, tanto jurídico-civiles como naturales, son propios de la condición humana (hombre y mujer), y por ello, la mujer no tiene que ser diferente al hombre, solamente en su diferencia fisonómica.

Dejando los principios físico-naturales vayámonos a los jurídico-filosóficos:

Ya decían los escolásticos que la ley venía dada por Dios para el común del pueblo. ¿Querría Dios dejar a un lado a la mujer? No creo que Dios hiciera tal cosa pues es omnisciente y no cometería esos errores. Entraría en contradicción y las contradicciones son verdaderamente falsas y Dios no es falsedad sino Verdad.

En Locke tenemos la idea moderna de ciudadanía en la que el Estado ya no es el gran coordinador de los derechos del individuo, como lo concebía Hobbes, sino que los individuos tienen unos derechos que no da el Estado sino que son inherentes a él cuyo Estado va a ser el protector de esos derechos del hombre (Hombre entiéndase como término genérico). Por ello la mujer no depende del Estado para conseguir sus derechos (que le son propios) sino que dicho Estado tiene que ser el garante de respetar sus condiciones naturales.

San Agustín decía que la polis tenía un orden que era reflejo del orden del cosmos que era el poder de Dios. Si la ciudad era un cosmos, como lo concebían los griegos, la mujer no puede ser concebida de otra forma que como partícipe del desarrollo de la ciudad pues el cosmos es igualdad y esa igualdad lleva a la perfección y a la equidad y no hay mayor equidad en la ley del hombre que la igualdad de derechos en todos los ámbitos de la vida entre el hombre y la mujer.

Tenemos que pensar en la libertad positiva que es en la que el individuo se autodetermina y se realiza, pero desgraciadamente en nuestra época se sigue dando la libertad negativa que es la que se consigue por medio de obstáculos que hay que sortear para poder adquirir unos derechos que son propios.

Sabemos que concebir idealmente la autonomía de la mujer es algo limitado pues es la misma estructura de la sociedad la que suele poner trabas por lo que –desgraciadamente- nos solemos encontrar en el mundo de la mujer una libertad negativa.

El que no quiera ver estos planteamientos que defienden la igualdad entre hombre y mujer es que no quiere ver, pero todos hemos sido alguna vez como Pablo de Tarso esperando esa caída que nos devuelva la luz del pensamiento.

El mundo de las cofradías tiene una nueva oportunidad el 25 de septiembre cuando se decida en Pasión la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. La cuestión de las nazarenas es algo anecdótico pues lo que importa no es salir con capirote sino que te den tus derechos como al resto de los hermanos pues las obligaciones y los deberes son los mismos para ambos sexos.

Esto no es cuestión de si es siglo XXI o no, sino que es cuestión de cordura pues no hay bases que sustenten lo contrario sino solamente las afectivas pero en la Ley no hay afectos o afinidades sino derechos. No hay sentimiento sino razón.

Para broncas o sugerencias: jramosaez@yahoo.es  

Foto: Francisco Santiago.










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